El periodismo que no caduca

Las buenas historias trascienden a sus protagonistas. Lo importante no es tanto quiénes son los personajes, dónde ocurren los hechos o en qué año. Si es posible trasladar la esencia de una narración a otros contextos y situaciones, la historia ha alcanzado un nivel superior: el de permanencia en el tiempo. Por definición, la literatura busca los temas universales, pero este objetivo también puede lograrse en el ejercicio del periodismo.

No es novedad que Estados Unidos tuvo en el siglo XX generaciones de grandes escritores que, a su vez, fueron periodistas. Uno de los casos más sobresalientes es el de John Steinbeck (1902-1968), un premio Pulitzer de ficción y Nobel de Literatura que conoció la vida de redacción. Es uno de los mejores exponentes en demostrar cómo literatura y periodismo pueden caminar de la mano, compartir recursos y fusionarse al servicio de la verdad.

Los vagabundos de la cosecha es un conjunto de reportajes, publicados por entregas durante 1936 en The San Francisco News, sobre la situación de los campesinos que llegaban a California afectados por la Depresión y la Dust Bowl, la sequía que dejó sin nada a miles de familias rurales. Estas personas migraron al oeste en busca de trabajo y comida.

El relato de Steinbeck tiene una clara vocación informativa: quiere dar a conocer un hecho, pero no se queda solo en eso, indaga en el problema y da contexto. Incluso esboza algunas soluciones, luego de mostrar el estilo de vida inhumano de los jornaleros, sus parejas e hijos. La investigación supuso un viaje por los hogares improvisados de los braceros. Con su estilo preciso y sobrio, Steinbeck ofrece una mirada íntima de la miseria. El esfuerzo por conocer a las personas es notorio. Escucha, dice lo que solo es posible decir si uno invierte el tiempo que demanda la tarea. Capta las imágenes, las escenas, los olores y los sonidos necesarios para acercarse al sufrimiento ajeno.

En los artículos hay muchos rostros y pocas voces. No se identifica más que a los personajes clave. Con el anonimato como recurso se retrata el padecer generalizado de los migrantes que se enfrentan a peregrinaciones interminables con el único fin de subsistir. La primera persona aparece en contadas ocasiones, aunque toda la obra está empapada de Steinbeck, que no duda en juzgar lo que ve. El artículo final es una propuesta, y llama la atención porque la prensa hoy no suelen dedicarse a ofrecer soluciones muy concretas (¿tiene que hacerlo?). En este caso, luego de estudiar el tema, el periodista se siente preparado para opinar sobre lo que se debería hacer y no se guarda nada.

La historia que cuenta Steinbeck no se agota en la denuncia. La miseria y la búsqueda de un futuro mejor están tan vigentes ahora como en la década de 1930, en Estados Unidos como en Montevideo. El autor capta una constante en la historia de la humanidad y la presenta de manera memorable. Por eso perdura.

Los vagabundos de la cosecha
John Steinbeck
Libros del asteroide (2007)

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