Cuando Bob Dylan se sintió discriminado

Crédito: Fred W. McDarrah/Getty Images.

 

A los 22 años Bob Dylan no era Bob Dylan. Con dos discos publicados, todavía le faltaba un poco para convertirse en un ícono de la cultura de su época. En 1963, un encontronazo en un hotel lo afectó de una manera especial y podría decirse que tal vez lo ayudó a acercarse a su destino de referente.

Corría el mes de agosto cuando el cantautor tuvo un problema para conseguir una habitación. Según cuenta Joan Báez en el documental No Direction Home, la persona a cargo del hotel no quería que su compañero ingresara porque tenía una apariencia desprolija y sucia. Báez ya era conocida por ese entonces y se rebuscó para habilitar la entrada del joven Dylan.

La leyenda dice que, enfurecido por lo que acababa de suceder, el músico escribió una canción: “When The Ship Comes In” (Cuando llegue el barco). Los hechos dan cuenta de que unos días después del episodio en la recepción, Dylan entonó una canción de protesta inédita, que se incluiría en su tercer álbum, The Times They Are a-Changin’. 

Hace 50 años, el miércoles 28 de agosto de 1963, Bob Dylan presentó al mundo un tema nuevo. Y lo hizo en uno de los eventos más simbólicos del siglo XX, la marcha en Washington por el trabajo y la libertad, poco antes de que Martin Luther King contara su sueño a los más de 200.000 manifestantes concentrados en el memorial de Lincoln.

Interpretó una versión humilde y despojada de su relato personal, un poema envuelto en metáforas náuticas y bíblicas, en el que un barco separa las aguas y atraca duramente contra la costa, provocando estremecimiento en la naturaleza, que luego celebra.

Podría inferirse que la decisión de incluir esta canción en el repertorio (también cantó “Only A Pawn In Their Game”) no fue casualidad, y que Dylan eligió reivindicar la igualdad de derechos con un texto que surge de haber sufrido la discriminación en carne propia.

El músico cantó “When The Ship Comes In” a dúo con Báez, la dulce soprano. Ambos leyeron la letra en el púlpito desde el que hablaron todos los oradores aquella tarde.

Un detalle cuanto menos irónico, atendiendo a la anécdota del hotel, quedaría inmortalizado en las palabras del hombre que presentó a Dylan ante el público: “Por sus aplausos, puedo entender que no necesita más introducción: el señor Bob Dylan”.

Las estrofas finales de la canción:

“Oh, se levantarán los enemigos
con el sueño en los ojos
y saltarán en sus camas
y pensarán que están soñando
Pero se pellizcarán y chillarán
y comprenderán que la cosa va en serio
La hora en la que llegue el barco

Entonces levantarán las manos
diciendo que aceptan las exigencias
Pero nosotros desde la proa gritaremos:
‘Sus días están contados’
Y como la tribu del faraón,
se ahogarán en la marea
Y como Goliat, serán vencidos”.

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